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lunes, 25 de junio de 2012

Heroes del Running (VII): Jim Fixx

Durante un momento vamos a olvidarnos de las marcas, los records  y las hazañas olímpicas de los corredores de fondo. Las proezas, los entrenamientos revolucionarios, las medallas de oro. Olvidaremos a los griegos, de Coubertain, a las Federaciones Internacionales Nos vamos a quedar en los parques, en los caminos, en las aceras ¿Quién es el padre del running ? ¿Quién popularizó e hizo del correr una afición, un deporte, una forma de vida? Durante semanas he indagado y todas las referencias me remiten a un mismo nombre: Jim Fixx. Corredor popular, excelso comunicador y divulgador, víctima de un final que muchos consideran paradójico o irónico en un defensor de la vida sana y el deporte. Conozcamos su vida.

Quizá muchos de vosotros no conozcáis la organización “Mensa”. Es un grupo de elegidos, 110.000 personas, con un cociente intelectual superior a 142. Formar parte de ello es relativamente simple: Solo tienes que hacer un “sencillo” test y acumular un 98% de aciertos. Si pensamos en el aspecto exterior de los miembros de Mensa, tal vez nos venga a la cabeza el empollón de nuestra clase, regordete, con gafas, tímido y antisocial, bueno con las mates y los jueguecitos de lógica pero muy malo en los deportes. Probablemente  James Fuller Fix cumplía de lleno con este arquetipo.  Hijo de familia acomodada, se gradúa en el Oberlin College donde conoce a quien será su mujer y donde dedica la mayor parte de su tiempo libre a dos aficiones: comer y hacer puzles, ambas con vehemencia “ Jim nunca soñaría con haber sido futbolista de fútbol-dice su madre. De ahí a la Universidad, donde su aspecto físico ya empieza a ser preocupante: con una estatura mediocre y 20 años, ya supera los 100 kilos.

Aburrido de estudiar, y cada vez más centrado en los puzles, abandona los libros y se marcha a Cleveland, donde trabaja en prensa y revistas locales mientras desarrolla su gran proyecto: tutelado por Mensa, crea tres ediciones de lo que Jimi llamará “juegos para superinteligentes”, que pone a la venta pensando en hacerse rico pero que terminan diluyéndose y convirtiéndose en un rotundo fracaso, del cual no se recupera durante un tiempo. La decepción es tremenda. El joven come cada vez con mayor convulsión y une un nuevo hábito a sus costumbres: fuma dos paquetes de cigarrillos al día.

Pero todo cambia una mañana de domingo, a finales del mes de noviembre. Cleveland, amanece con las calles cubiertas de hielo. Fixx se levanta y descubre que no tiene un solo pitillo en casa. Se viste (con ropa deportiva de algodón amplia, la única que probablemente no le aprieta y le queda bien) y sale temprano al estanco cercano a casa. Como aún no está abierto, decide ir al kiosko del parque, junto al lago, a medio kilómetro de distancia. En principio camina a ritmo pausado, como siempre. Inexplicablemente  aumenta de manera progresiva el ritmo de sus zancadas. Cuando llega al kiosko, sin resuello, compra su cajetilla de tabaco, la guarda en el bolsillo trasero del pantalón de chándal y vuelve a su casa caminando con pasos largos y rápidos. A veces despega ambos pies del camino, otras se para y recupera el aliento. Mientras regresa, siente su mente menos embotada, más despejada, piensa con claridad.  No volverá a fumar en toda su vida.

A partir de esa mañana, durante años, Jim sale a correr, 20 minutos, una hora, dos, tres. Empieza a perder kilos,a sentir mayor bienestar y a ganar confianza en sí mismo.

Fixx toma en serio su nuevo hábito y en dos años ya está corriendo la maratón de Boston, hecho que le enorgullece notablemente. Probablemente correr y hacer puzles sean actividades muy distintas, pero ambas beben de fuentes comunes: ambas son un ejercicio solitario, requieren de paciencia, los resultados no van al corto plazo, requieren de disciplina y meticulosidad…Él dispone de una mente estructurada y durante años anota sus entrenamientos, sus técnicas, sus motivaciones, sus métodos. Establece en 10 millas su entrenamiento diario estandar, que realiza sin problemas.

En 1977, diez años después de esa mañana de noviembre, con 27 kilos menos de peso, publica “El libro completo del corredor”, que automáticamente se convierte en un best seller en Estados Unidos. Hoy en día, en la era de la información, la figura del entrenador personal, la cultura del gimnasio de los 90 o la popularización de deportes en la educación, el ocio y en los medios nos han acercado a todos el beneficio del deporte, pero lo cierto es que en los setenta supuso una revolución. Lejos de planes complejos, gran número de datos y compliados métodos, la tesis central del libro de Fixx es que el deporte ayuda a mejorar la forma física de quien lo practica, pero también repercute en su mente, lo dota de mayor confianza y le aporta bienestar. Algo obvio hoy en día, pero que suponen toda una revolución en la clase acomodada americana.

El Atletismo que propone Fixx es para todas las edades y condiciones. En su libro expone reincidentemente que hay que correr no por salud o para llegar a ser competitivo, ni muchos menos para quitarnos el “stress”. Todo lo contrario. Según él, se debe aprender a correr, como se debe aprender a bien comer, por necesidad y buen gusto. Así de sencillo. En otras palabras, el deporte debe ser considerado como una necesidad vital, como comer, beber, dormir, etc.
Fixx fue aun más lejos. Quiso que todos tuvieran la enorme dicha de considerar este deporte como una “diversión” más en sus vidas. Correr por “diversión” y no por salud, o para obtener un buen cuerpo, o bien, ser un campeón. En esto consistió el secreto de su éxito editorial
Su fama crece durante años. Publica libros, aparece en medios de comunicación, asiste a eventos… mientras miles y miles de personas imitan su forma de vida, ataviados con chandals de colores estridentes, con muñequeras y con cintas para el pelo.  Jim Fixx es sinónimo de vida saludable y deporte.

La mañana del 20 de julio de 1984, con 52 años, se encuentra de viaje de negocios en Velmot. Como todas las mañanas, sale a correr, quizá pensando en las pruebas que acaba de entregar a su editor de su nuevo libro, auspiciado por Nike,  Máximo rendimiento deportivo: cómo alcanzar tu mayor potencial en velocidad, resistencia, fuerza y coordinación. A los pocos minutos de arrancar cae sobre la calzada, víctima de un infarto de corazón irreversible. Ese mismo día, la prensa da enorme repercusión al hecho, sobre el que flota la evidente pregunta: ¿Cómo es posible que el gurú de la vida sana fallezca a los 52 años haciendo deporte?
 
La autopsia se hace pública y revela dos hechos esclarecedores. El primero de ellos es que  las arterias de Jim estaban obstruidas en su mayoría, en un 95%, debido a su incorrecta alimentación de juventud y a los muchos cigarrillos fumados.  El segundo es que Jim tenía una cardiopatía hereditaria que le hacía propenso a este tipo de accidentes. Su padre había muerto con 41 años y además padecía una rara característica, un corazón mucho mayor de lo normal. 

Creo que hoy en día nadie discute que el deporte sea sinónimo de salud. Y aunque el 99% de las entradas de google sobre nuestro protagonista se centren más en su muerte que en su vida, es muy cierto que algunas tesis de Fixx son hoy día muy muy cuestionables. En primer lugar, no concedía importancia alguna a la dieta, que no consideraba clave en una vida saludable, limitando esta tan solo " a correr y a no fumar". En segundo lugar, rechazaba cualquie contacto con el médico que le hubiera evitado de forma sencilla un final trágico y prematuro con un sencillo chequeo.


Pero nada de esto importa. Su muerte se convierte en motivo de chistes, bromas y chascarrillo, humoristas y cantantes se mofan de la muerte de alguien que se hizo rico vendiendo los beneficios del deporte como sinonimo de una vida larga y saludable, a la vez que siempre permanecerá como argumento de todos aquellos que cuestionan la salubridad del running como ejercicio.




miércoles, 30 de mayo de 2012

Idolos del Running (VI),. Triplete español en el Maraton de Helsinki 94

Paavo Nurmi, Zatopek, Bikila. La Santisima trinidad del fondo mundial que cualquier aficionado al atletismo conoce casi de memoria, y a los que la leyenda olímpica ha elevado a los altares. Sin embargo, el maratón español también tiene su tripleta de oro, tres leyendas que coincidieron en Helsinki y que hicieron realidad una de las fotos más importantes del deporte de este páis y uno de los momentos más emotivos e imposibles que los seguidores del deporte con mayúsculas hemos vivido. Sí, hoy en el blog dejamos de lado las grandes gestas de fondistas universalmente conocidos y, pecando descaradamente del chovinismo más patriota y barato que podemos encontrar, narramos la gesta de tres corredores españoles y de un equipo de maratón único e irrepetible. Desde la admiración personal y los recuerdos de un chaval de 18 años, que es quien escribe estas líneas, esta es la historia del triunfo de Martin Fiz, Diego Garcia y Alberto Juzdado.

Helsinki, Agosto de 1994, Campeonatos de Europa de Atletismo. El mismo estadio que contempló las proezas de Zatopek en 1952 ve como en la línea de llegada a meta dos españoles, oro y plata de la prueba de maraton, esperan de rodillas la entrada de un tercer corredor de rostro cansado, camiseta azul y la leyenda ESPAÑA sobre ella. Es Alberto Juzdado, un artesano fabricante de belenes al que la fiebre del running le ha llevado a ser tercero en unos campeonatos de Europa de Marathon y a copar un podium con tres corredores del mismo país, algo que hasta entonces no había sucedido. "Me sentí como un dios"- confiesa más tarde cuando piensa en el momento,mientras Diego y Martín me esperaban. No es para menos.

¿Pero quienes son Martin Fiz, Diego García y Alberto Juzdado?

Poco vamos a contar de Martin Fiz (Vitoria, 3 de marzo de 1963). Criado en el 3000 obstáculos y en los cross de media distancia, da el salto en 1993 al Maraton donde cosecha grandes triunfos. Ha ganado, entre otros, los de Helsinki (1993 y 94), Rotterdam (1995), Seúl (1996 y 1997) y el japonés de Otsu (1999), además de ser medalla de oro en los europeos de Helsinki (1994) y en los mundiales de Gotemburgo (Suecia, 1995). En los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996) fue cuarto, en los mundiales de Atenas (1997) ganó la medalla de plata y sexto en los Juegos Olímpicos de Sídney. En la actualidad es uno de los mayores divulgadores del running de nuestro país, director de una reconocida revista especializada, escritor de varios libros de entrenamiento y organizador y gran reclamo de carreras por toda la geografía española. ¿Un pero en su carrera? su relación con Sabino Padilla durante su época dorada.

Diego García Corrales nace el 12 de octubre de 1961 en Azkoitia y, después de una etapa no muy exitosa en los 10.000 metros, descubre que el maratón se adapta mejor a sus cualidades de atleta concienzudo en los entrenamientos y esforzado en la competición. Está considerado el padre del boom del maratón español en los años 90.
Sin embargo, Diego García, que disputó un total de 28 maratones a lo largo de su trayectoria deportiva, no tiene la popularidad de sus coetáneos Martín Fiz y Abel Antón, quizás porque le faltó ese palmarés de relumbrón que sí tuvieron el vitoriano y el soriano, pero en el que hay hitos como el récord de España de la distancia (2h.10:30 en 1992); el noveno puesto en los Juegos Olímpicos de Barcelona; la citada plata en el Campeonato de Europa en Helsinki en 1994; el sexto puesto en el Mundial de Goteborg en 1995; y el récord personal con 2h.09:51 en Fukuoka. 
Se retira de la competición en 2000, con 39 años. Un año más tarde, la mañana previa a la carrera que ha contribuido a organizar (Medio Maratón Azkoitia-Azpeitiae) sale a entrenar con Alejandro Gomez, un ex-atleta vigués, ilusionado por hacer un buen papel en su pueblo: "Llevábamos tiempo sin vernos, y salimos a entrenar entre risas. Bromeaba con que estrenaba chubasqueros y zapatillas. Me iba contando chistes, y de golpe me dijo: "Para, para". Pensaba que era una bajada de tensión, pero enseguida vi que se me iba y no podía hacer nada". Su corazón había dicho basta.
 "Diego ha tenido una muerte dulce porque se ha ido en su pueblo, antes de su carrera más querida"- dice un Martín Fiz que apenas puede digerir la noticia."No podía creerlo. El viernes me llamó Diego y me animaba a venir a la carrera. Ahora voy a correrla por él".

Alberto Juzdado es el gran desconocido de los tres. Artesano belenista (curiosa profesión), nace en Boadilla del Monte en 1966. Se inicia en el cross y da el salto al maraton en 1992, que alterna a partir de entoces con la media maraton (fue campeón de España en 1993). De hecho, antes del bronce en Helsinki sólo acumula un maraton, el de San Sebastián (donde ha quedado segundo). Participa en un segundo plano en los éxitos del Maratón hasta que el 8 de febrero del 98 vive su momento de gloria en Tokio, donde acaba con un espléndido tiempo de dos horas, ocho minutos y un segundo, la segunda mejor marca española de todos los tiempos por entonces.


Pero volvamos a la foto y a la carrera. Copio literalmente la crónica de Martín Fiz, que a su habilidad dando zancadas une una pluma de periodista intensa, descriptiva y apasionada, como sólo una persona que ha vivido una carrera desde dentro puede contarla.

"La carrera comenzó a las 9:30 AM.. Calor, 20ºC y un porcentaje alto de humedad amedrentaba a los participantes. Nadie daba un duro por nosotros, algunos creyeron que éramos mera comparsa y que sólo íbamos para hacer número. Habíamos entrenado duramente por los campos de Segovia. Allí en La Venta Magullo teníamos instalados nuestro campo base. La armonía del grupo solo se rompía a la hora del Tour, las escaramuzas de Claudio Chiapucci con la intención de arrebatar a Miguel Indurain el maillot amarillo desvelaban las horas de la siesta. El Tour era nuestra única distracción. Lo teníamos claro, comer, dormir y entrenar mucho para tener la mejor puesta a punto. 

En carrera todo iba bien, quizás muy lenta para los intereses de Diego Garcia. Había que esperar a que alguien lanzara la carrera. El portugués Antonio Rodrigues fue el primero en romper las hostilidades. Parece ser que su jefe de filas Antonio Pinto le había mandado que aligerase el ritmo. Nadie salía tras él. Me veía fuerte así que probé fortuna y le encontré, en menos de tres kilómetros Rodrigues quedó neutralizado. Diego García seguía como es él, nervioso e inquieto. Miraba hacía un lado, hacía atrás y de repente asentó un fuerte cambio de ritmo que rompió el grupo. Alberto Juzgado siguió la estela del azkoitarra. El de la cinta, Diego, fue capaz de mantener el ritmo incluso lo aceleraba, era un auténtico “diesel”. Paradójicamente los únicos en seguir su ritmo éramos Juzdado y yo, mientras nuestros rivales cada vez estában más lejos. Todos estaban incrédulos por la situación. Deducimos: o no tienen energías o creen que esto no va en serio. Pero no era ningún farol, los entrenamientos en Navacerrada, doscientos kilómetros por semana, a 1900 metros de altitud eran la causa de lo que está pasando. Del kilómetro 30 al 35 el entendimiento entre los tres era total. Los relevos se sucedían, aunque de los tres, Diego era el hombre decisivo para poner tierra de por medio sobre el resto de contrincantes. Richard Nerurkar nos acecha pero ya era demasiado tarde. El primero en quedarse fue Alberto Juzdado. Ahora me tocaba a mí, avivé el ritmo y Diego García se fue quedando. Al entrar en meta siento una alegría enorme. Miró hacia atrás y veo a Diego García. El mayor de los dicharacheros, el chico de la cinta en la cabeza grita, grita y grita de satisfacción. Nos abrazamos y vemos que Alberto asoma por el estadio. Viene tercero y al llegar a meta nos arrodillamos y este trio, unidos por el esfuerzo, nos fundimos en un abrazo"

El bueno de Martín incluso nos cuenta las horas posteriores con todo detalle. Cualquier que haya corrido un maraton se puede imaginar lo que representa no solo terminarlo, sino ganarlo con dos colegas de entrenamientos:

"Estábamos tan contentos que cuando esperábamos en la sala para pasar el control de dopaje bebíamos cerveza en lugar de agua. 
Fuera del estadio siguió la fiesta. Allí nos esperaban los entrenadores de Diego (Santi Perez) y de Alberto Juzdado (Dionisio Alonso). Tambien estaba el médico de la RFEA Xabier Leibar. Brindamos con cava. Lo sirvieron en unos vasos de plásticos . Diego se quejó, el cava estaba excesivamente caliente. Aún así, brindamos y nos lo bebimos, estamos sedientos y radiantes de contentos
Una vez en la villa olímpica nos acicalamos (ducha y afeitado) y de vuelta al estadio. Estábamos alucinados ya que nos maquillaron para la entrega de medallas.
El más expresivo y dicharachero era Diego García, no paraba de decirme, soy subcampeón de Europa, segundo de España y segundo de Euskadi. Los tres nos reíamos. Diego siempre daba ese punto de humor intentando calmar la tensión que produce el deporte de alta competición. Diego era y ha sido el mejor compañero que he tenido. Pasamos mucho tiempo juntos y nos entendíamos al dedillo, dentro y fuera de la vida deportiva."

"Decían que viajábamos a Helsinki con la única opción de hacer turismo” recuerda irónico Fiz, que quizá ya haya olvida el contexto del triplete histórico. Y es que, hasta los juegos de Barcelona 92 el atletismo español en general y el de fondo en particular habían vivido en la más oscura de las mediocridades, con éxitos esporádicos como el de Jordi LLopart en marcha y el de Abascal en el 1500 de Los Angeles 84, pero sin una base consistente de éxitos ni atletas capaces de brillar en pruebas internacionales. Pero llegaron los Juegos a España, el oro de Fermín Cacho y con ellos la auténtica revolución del fondo nacional. Sí, tenemos tres campeones de Helsinki, pero a ellos hay que sumar la aparición  de figuras como Abel Antón, Fabián Roncero y Jose Manuel García, que dominan el maratón mundial del 94 al 98 con records y triunfos que hoy solo podemos recordar con nostalgia.

Equipo. Quizá esa sea la clave para entender este triunfo de tres amigos que entrenan juntos, que son gente sencilla y que llevan haciendo kilómetros juntos mucho tiempo. La estrategia ha funcionado con sus rivales ¿quién ha dicho que el atletismo es un deporte individual?  El podium del día anterior del equipo Ucraniano de martillo queda ensombrecido cuando Zatopek entrega las medallas a los tres españoles en la prueba reina, en el cierre de los campeonatos. Ellos son los triunfadores.



¿A quién dedican el triunfo aquel día de Agosto?
Fiz es sincero: "Yo me voy a dedicar este éxito a mí mismo, porque he luchado mucho, llevo trabajando mucho tiempo y muy fuerte para lograrlo". Diego Garcia prefiere acordarse de afición guipuzcoana y de Euskadi (en la vuelta de honor pasea una ¡kurriña) y de su pueblo Azkoitia, donde están a punto de empezar las fiestas patronales. Alberto Juzdado se acuerda de su familia y de Xabier Leibar, el médico vasco que les ha hecho seguimiento en los entrenamientos. 

El propio doctor Leibar ratifica el valor de su trabajo y los define: "Gracias a mis estudios, los tres sabían que ayer podían correr sobre las 2.10 horas y saben también lo que pueden dar en el futuro. Martín es un atleta muy rápido, con mucho campo para la mejora; Diego es experto en maratones duras y muy inteligente en carrera, y Alberto es una máquina, el hombre del futuro, aunque aún le falta mentalidad"

No sé equivoca. Desde ese momento Martín Fiz se convierte en una estrella que acaparará más y más triunfos: "Barcelona 92 me abrió los ojos. Ahí me di cuenta de que en las pruebas en pista, como los 5.000 o 10.000 metros, ya no tenía ninguna opción. Por eso me pasé al maratón, y no creo que lo haya hecho demasiado tarde, sino en el momento perfecto".

Alberto, en cambio, no lo tiene tan claro ni parece mentalmente tan fuerte: "Descansaré un poco y en septiembre volveré a compaginar las dos cosas (el atletismo y la artesanía), aunque quizá más adelante tome una decisión. No me importó que Martín y Diego me tuvieran que dejar atrás hacia el final, porque yo no podía seguir su ritmo y el bronce, de todas maneras, es muy impor tante para mí".
Diego, el bueno de Diego, juega a adivino: " Para nosotros no ha sido una sorpresa, y ahí está el récord del campeonato que Martín ha batido para demostrar lo rápido que podemos correr, y considera que la lista de éxitos no ha hecho más que empezar. "Si seguimos así podemos hacer grandes cosas en el futuro".

Dije al principio que esta iba a ser la crónica de un chaval de 18 años, que acaba de terminar el instituto y comienza la universidad. Un chaval alto y delgado, de cuerpo enjuto y tan buena habilidad con los libros como mala con los deportes. Un chaval que contempla atónito la gesta un día de vacaciones en su pueblo, en forma de portada en periódico deportivo que por un día ha olvidado el futbol, y que queda impactado por esos tres tipos que han triunfado en una distancia que entiende casi imposible, al mismo tiempo que se pregunta si debe haber algo mágico en eso de correr kilómetros y más kilómetros y ganar junto a unos amigos por tu país.
Ahí es donde nació mi cariño por este deporte, por esta forma de vida, que tanto te quita pero que a la vez tanto te da. Y, al mismo tiempo que los kilos y el cansancio han llegado de la misma forma que los años y los minutos se han sumado más y más en las populares, mi vida ha cambiado con el trabajo, la familia y los hijos. Y  ahora, más mayor y menos iluso, entre balances financieros, presupuestos de proyectos y cuentas de explotaciones me pregunto si todo aquello fue un sueño, tan poco creible como las operaciones Galgo, Grial y Puerto, como Eufemiano Fuentes, Padilla y toda esa gentuza que nos han robado la ilusión por mucha gente a la que admiramos. Y tal vez algún día alguien nos despierte y nos cuente que los kilómetros y las concentraciones en altitud eran mentira, que el buen rollo y los entrenos en equipo no eran reales, que la pasión por correr y superarse no era tal como la imaginamos y que aquella foto fue obra de la EPO, de las transfusiones o alguna molécula de nombre impronunciable que te hace ser mejor de lo que eres engañando a los demás y, sobre todo, a ti mismo.
Esperemos que no sea así.


viernes, 18 de mayo de 2012

Idolos del Running (V): Paavo Nurmi,el fantasma finlandés.

La mayoría de nosotros( al menos los más jóvenes) asocimos el atletismo de fondo en alta competición al continente africano, al dominio de jóvenes keniatas, etíopes o marroquíes que en su mayoría aparecen, ganan y se van.  Pues bien, hubo un tiempo en que Europa y el "hombre blanco" dominaban las largas distancias. Y de un país tan alejado del actual epicentro del fondo mundial como es Finlandia surgió una generación que dominó el mediofondo y el fondo toda una década, con un atleta, Paavo Nurmi, que ganó casi siempre cualquier carrera en la que compitió. Esta es la biografía del mejor atleta olímpico de la historia.

Finales de 1917. El pueblo finlandés celebra la independencia del Imperio Ruso, tras una guerra civil entre sectores conservadores y el emergente movimiento bolchevique que sacude a la Rusia de los zares. Ha nacido una nueva nación, Finlandia, que va a asombrar al mundo con una generación de fondistas, los "finlandeses voladores", que va a ganarlo todo durante la siguiente década para mayor gloria de su recién creado país.

Pero veinte años antes, en la ciudad de Turku, nace en el seno de una famila humilde un muchacho llamado Paavo. La suerte no le sonríe en estos primeros años: queda huérfano de padre y se ve obligado a trabajar como mozo de carga en la estación de ferrocarriles, mientra se alimenta tan solo de pescado y verduras secas. Según confiesa más tarde, este régimen alimenticio, los rigores climáticos del norte y un trabajo agotador (ya que cobra por carga transportado) son la causas de su resistencia sobrehumana.

Pronto descubre el atletismo. Se da cuenta de que le gusta correr y apenas se cansa, pero es en durante el servicio militar cuando comienzan a florecer sus aptitudes. Su sueño es competir con Hannes Kolehmainen, la primera leyenda del atletismo y héroe nacional antes de la independencia. Kolehmainen ha triunfado en los vecinos Juegos Olimpicos de Estocolmo en 1912, donde ha conquistado tres medallas de oro y la simpatía de sus compatriotas, al declarar que recibir las medallas junto a la bandera del Imperio Ruso "ha sido algo que casi le ha hecho no desear la victoria".

Paavo, un joven tenaz e introvertido, decide dirigir su camino definitivamente al atletismo profesional y decide contactar con el  club deportivo Turun Urheiluliitto, al que representa durante toda su carrera deportiva. Y es allí es donde conoce a una persona clave en su desarrollo, Lauri Pihkala, su entrenador.

No me he resistido a investigar sobre  Lauri Pihkala, un hombre dotado de una personalidad al menos curiosa. Hombre de profusas ideas de extrema derecha, fue atleta olímpico de salto, velocidad y lanzamiento y posteriormente entrenador de atletas, pero también participó activamente en la guerra civil del país, participó en la propaganda de uno de los bandos, fue acusado de torturas y crímenes e incluso se vio involucrado en programa de eugenesis para atletas. Una personalidad interesante cuya visión sistematizada del entrenamiento y de la alta competición enganchan enseguida con el atleta.

Pero volvamos a Paavo. Junto con Pihkala, va a desarrollar una metodología de trabajo que le han llevado a ser considerado el primer atleta moderno. El joven se somete a  un régimen alimenticio calculado científicamente y a un rigor desconocido para entonces, pues su técnico revolucionó el trabajo físico en el atletismo basasando su preparación en ciclos períodicos de entrenamiento, alternando volumen e intensidad. En otras palabras, introdujo en el atletismo de fondo repeticiones de series continuas de 200/300 metros, cuando hasta ese momento el entrenamientos se asociaba tan solo a la realización de kilómetros y  más kilómetros. Contaba Pikhala que la idea le había venido cuando era niño y recogía la correspondencia de una oficina de correos alejada de la ciudad. Iba y venía corriendo y un día se le ocurio medir los pasos entre poste y poste, acelerando y reduciendo su ritmo entre ellos.

Esta metodología de trabajo, totalmente novedosa, potenció su carácter competitivo ligada a un durísimo régimen de entrenamiento que involucraba largas caminatas, arduas sesiones de gimnasia y carreras en pista. Además, Paavo cuenta con un marcado carácter perfeccionista, que lo llevan a ser denominado "el corredor matemático" ya que, rompiendo de nuevo con las pautas habituales en el entrenamiento de la época, el finés corre siempre con cronómetro, desarrollando un ritmo constante en carrera que le obliga a competir contra sí mismo, y no contrar los rivales. Los primeros resultados llegan pronto, y en 1920 bate el record nacional de 3000, justo antes de sus primera parcicipación en unos Juegos. En esta época Nurmi auna tres cualidades que lo convierten en un gran campeón: posee una altisima capacidad de resistencia en carrera, es capaz de desarrollar velocidad con facilidad y cuenta con una capacidad de recuperación sobrehumana. Además, es ambicioso, introvertido y obsesionado por triunfar

El siguiente punto en el camino son los Juegos Olimpicos de Amberes 1920,en  Bélgica, que marca dos hitos para la historia del deporte finladés. Por un lado es la última participación de Kolejmainen, que gana el martón con un nuevo record mundial. Por otro, aparece en escena una generación dorada que incluye a  Albin Stenroos,Ville Ritola y, por supuesto, Paavo Nurmi.

La experiencia, sin embargo, no arranca todo lo bien que Nurmi espera. Su primera prueba de fuego en la pista belga es el5 mil metros.  El finlandés apura en demasía el sprint final, en los últimos metros es superado por el francés Joseph Guillemot, quien lo relega a la segunda plaza. El francés tiene la gloria de ser el único corredor no finlandés que derrotaría a Paavo en una prueba olímpica.
Nurmi analiza la derrota y conciente de su error, se promete no fallar en la siguiente. Así, en los 10 mil metros el finlandés mantiene un ritmo demoledor de principio a fin y  destroza a sus rivales para ganar el oro. Le siguen otras dos medallas de oro en los 8 kilometros de campo a través (que en los primeros juegos estaba incluida en el programa de pruebas) que le hacen volver a casa como un triunfador.

Los años que siguen a la cita de Amberes, de hecho, son muy productivos, con récords a granel.
 

Paavo Nurmi (Antwerp 1920).jpgCon veintisiete años, le espera París para su segunda cita olímpica. En la capital francesa no hay quien le bata. Cinco de cinco, gana el oro en las cinco pruebas en las que participa: 1.500, 5.000 -esta vez sí-, 5.000 campo a través individual y por equipos y 3.000 por equipos, en apenas seis días. No revalida el título de 10.000 porque su comité no le deja correr pensando en su integridad física.
Pero, más que los triunfos en sí, que son espectaculares, llama la atención cómo los consigue. Gana el 1500 y el 5000 batiendo los records del mundo, en  un mismo día y con sólo una hora de descanso entre ambas  pruebas. Si tenemos en cuenta que las crónicas hablan de que aquél fue uno de los días más calurosos en la historia de París y que las asfixiantes temperaturas causan tal cantidad de colapsos y desmayos que el COI decide anular las pruebas de cross, la hazaña se convierte en algo casi impensable a día de hoy y una muestra de la extraordinaria capacidad de recuperacion.

La prensa francesa se vuelca con el atleta, cuyas capacidades atléticas, su revolucionario método de entrenamiento y vida novelesca llenan páginas y más páginas de periódicos. La revista francesa ‘Miroir des Sports’ es la que primero destaca el asombroso paso del finlandés por París, pues a su juicio “lo de Paavo Nurmi va más allá de los límites de lo humano”. El carácter ultracompetitivo del  finlandés además es una fuente de anécdotas y exageraciones, de esas que tanto gustan al periodismo: a los pocos días aparece en prensa que Nurmi, nada contento con la decisión del Comité Finlandés de no dejarle participar en el 10.000, saltó a una pista lateral a los pocos minutos y corrió la misma distancia mejorando la marca del ganador, su compatriota Ritola.

Tras los juegos, y tal como su ídolo Kolejmainen hizo en los últimos años de su carrera, Paavo decidie probar suerte en Estados Unidos, quizá la cuna del atletismo moderno.Participa en 55 carreras, perdiendo solo una de ellas. La prensa le idolatra y busca nuevos apodos: ‘El Fantasma Finlandés’ y ‘La Gran Maravilla Finlandesa’.
 

Pero tanta actividad le acaba pasando factura. Con 28 años no tiene la misma energía de la juventud. Cada vez las distancias se estrechan, ya no bate records con tanta frecuencia y le cuesta más esfuerzo ganar.  De hecho, ya no consig batir los récords mundialuees que fija en 1924 (3.52,6” en 1.500, 14.28,2” en 5 mil y 30.06,2” en 10 mil).

La siguiente cita Olimpica es Amsterdam 1928. Con 31 años, ocho medallas de oro y una de plata colgadas en el pecho, sólo el compromiso de una segunda gira en Estados Unidos motiva a Paavo a volver a los juegos. Además, quiere dejar paso a otros corredores de su país, o al menos eso dice él....

Suma su novena medalla, ganando el 10.000 (la prueba que le negaron en la edición anterior) y es plata en 5000 y 3000, donde es derrotado por sus compatriotas Ritola y Loukola.


En 1929 lleva a cabo su comprometida segunda gira por Estados Unidos y logra sus últimas azañas: bate  los récords del mundo de las 6 millas, en junio en Londres, y en la prueba de 20 kilómetros, en septiembre en Estocolmo. Paavo anuncia que, tras 15 años corriendo, empieza a plantearse una retirada de las pistas.

Nada más lejos de la realidad. Nurmi comienza a entrenar duro de cara a los Juegos Olímpicos de Los Angeles, fijados para 1932. Quiere intentar revalidad su título en el 10.000 y seguir los pasos de su ídolo Hannes Kolehmainen, con una medalla de oro en el maratón. Pocos meses antes, sin embargo, vino la gran decepción. La Federación Internacional de Atletismo Aficionado suspende a Nurmi de competir internacionalmente tras ser acusado de recibir dinero por correr en su segunda gira por Estados Unidos, lo que le convertiría de forma automática en profesional. Debemos recordar que, en aquella época, los Juegos están restringidos únicamente a deportistas aficionados.

Pese a esta prohibición y a una lesión en un pie, Paavo viaja a Los Angeles para seguir entrenando, a la espera de que una apelación al fallo del organismo le permita participar de los Juegos.Pero nada cambia el castigo inicial y tiene que  ver la entrada de los atletas desde la grada.



Pese a la suspensión internacional, la Federación finlandesa no acepta el castigo a su gran estrella y le permite seguir compitiendo como “aficionado nacional” hasta 1934, cuando es despedido de las pistas por sus compatriotas como un heroe.
 

Tipo inteligente en la pista, trasladó su carácter a los negocios una vez retirado, lo que le permitió amasar una fortuna y vivir cómodamente.
 
Su carrera tiene aún una ultima prueba: El Comite Olímpico Internacional le exonera de toda culpa en 1952, con motivo de los Juegos de su país, y le otorga el honor de encender el pebetero olímpico. Se erigen estatuas en la puerta del estado, en Lausana, y su nombre se asocia fuertemente a los Juegos de Helsinki. 
 
Pero creo que a Nurmi todo eso debió de darle igual. A él lo que debió importarle es que en su país es considerado un auténtico héroe. Pero también lo es para el olimpismo. Un atleta difícil de imitar... y de superar, con número estratosféricos.
Y es que en su carrera batió  más de 25 records del mundo en distancias tan dispares como los 1.500 metros o los 20 kilómetros.Participó en nueve disciplinas olímpicas, en todas ellas obtuvo el oro, siendo hoy por hoy el atleta con más oros en una misma edición y el tercer deportista con más metales, sólo superado por Larisa Latynina y Michael Phelps.


Muere en 1973 y su funeral tiene carácter de Estado.


viernes, 11 de mayo de 2012

Idolos del running (IV): Henry Rono y sus 81 dias de gloria

Probablemente no se trate del más mediático de los corredores ni tampoco del más famoso de los Keniatas, pero la historia de Henry Rono es cuanto menos atípica, y lleva al extremo las consecuencias de la presión que el deportista de élite soporta en la alta competición. Tras dos figuras olímpicas como Zatopek y Bikila y un mito como Banniser conoceremos la historia de un miembro de la tribu Nandi que nació para correr, que fue descubierto y exprimido hasta la extenuación y que pasó de la gloria a la más absoluta indigencia y al alcoholismo.

RONO 1980
Verano de 1978. En apenas 81 días, un semidesconocido corredor keniata, Henry Rono, logra batir cuatro records mundiales: 7:32.1 en 3000, 8:05.4 en 3000 obstáculos, 13:08.4 en 5000 y 27:22.5 en 10000. En menos de tres meses, un atleta que acaba de aterrizar en el profesionalismo pulveriza tres marcas olímpicas (el 3000 no lo es) y establece tres records que durante 11 años no van a ser batidos. ¿Quien es Henry Rono? se pregunta el mundo del atletismo, que bautiza a la nueva sensación como el "corredor fantasma"

rono1Henry Rono nace en Nandi Hills (Kenya), dentro de la tribu Nandi, en 1952.  También pertenecen a este grupo étnico atletas como Kipchoge Keino, Moses Tanui o Bernard Lagat.

A los dos años cae de una bicicleta  y sufre una lesión que afecta a su capacidad de caminar, por lo que su madre piensa que está impedido para caminar y lo excluye de los juegos infantiles. Orgullosas de su origen, las mujeres de la casa educan a su hijo en los valores de la tribu, alejada de los valores que el imperio británico ha traido y antagonista de los masais, tradicionales enemigos de lo nandi. A los seis años, la tragedia familiar aumenta con la muerte del padre de Henry, víctima de un accidente de tracto. El joven encuentra consuelo en el futbol y el atletismo, originalmente considerados como inapropiados al tener un origen claramente europeo, pero que tras la independencia del país en 1963 pierden su condicionante social y se transforman en un pasatiempo para la población keniata. Es en esa fecha cuando Henry encuentra su primer trabajo en una fábrica de té.

Su vida cambia dos años más tarde, en 1965, cuando escucha por la radio el duelo entre el blanco Jim Ryun y el ídolo de los nandi, Keino, enfrentados en el mítico Crystal Palace de Londres. Es en ese momento cuando Henry descubre su verdadero sueño, al que empieza desde ese momento a dedicarse en cuerpo y alma.

A los 21 años ingresa en el ejército y potencia aún más sus entrenamientos, totalmente erráticos, que le llevan a participar en sus primeras competiciones, competiciones en  Uganda y un viaje de 28 horas en avión a Nueva Zelanda.  Empieza a codearse con los grandes ( Bayi, Jipcho, Walker... ) y un americano cazatalentos, John Chaplin, lo ficha junto a Samson Kimobwa ( record del mundo en 10.000 en 1977, 27:30. 5 ) para irse a estudiar a la Universidad de Washington.

En ese momento es cuando empiezan  sus días de victorias:  3 triunfos en el campeonato de cross de EEUU en 1976-79, estableciendo una marca nunca superada de 28:07, oro en 3000 obstáculos y 5000 en los Juegos de la Commonwealth de 1978, mítines en Europa y los 81 días de los cuatro records. Cuatro tardes de primavera que lo elevan al altar del atletismo mundial: Berkeley, ocho de abril de 1978, récord del mundo de 5.000. Seattle, 13 de mayo, Rono se apodera de la marca mundial de 3.000 obstáculos. Viena, 11 de junio, nueva proeza del africano en un 10.000 de récord. Oslo, 27 de junio, repite plusmarca mundial, esta vez en 3.000 lisos. A partir de aní, dos años de altisimo nivel competitivo, rodeado de prensa, espónsor y promotores que lo exprimen en meetings y reuniones por todo el mundo. Una trayectoria brillante de estos años que , sin embargo, no pasa a la historia quizá por el boicot de Kenia a los Juegos de Montreal 76 y Moscú 80, que le excluye de la gloria olímpica y de un reconocimiento quizá más masivo.

Pero es el propio Romo quien confiesa que empieza a dilapidar el dinero que gana de forma rápida, enviando miles y miles de dólares a su Kenia natal.Lo que se queda para él lo consume en una afición cada vez más preocupante. 

Rono en 1.978Y es que en 1981 comienza a beber más de la cuenta, al mismo tiempo que su nombre se olvida, escondido en la mediocridad del grupo de cola en las muchas carreras en las que participa aún por el reclamo que conlleva su nombre. Con sobrepeso, continúa encontrando motivación para entrenar. Muy pasado de forma, pero capaz de los más grandes logros: en la reunión atlética de Oslo compite en el 5000.  Por la mañana se despierta tarde y hecho polvo tras una juerga nocturna de bares y muchas cervezas. Para mitigar los efectos de la borrachera, decide correr durante más de una hora y sudar así las secuelas de la resaca. Por la tarde llega a la carrera y bate de nuevo el record del mundo, 13:06.20. Pero ya caída no tiene vuelta atrás"Cuando me cogió el alcohol, no supe manejarle", cuenta Rono. "Todo lo que tenía se lo había enviado a mi esposa Jennifer; nadie me daba nada, sabían como lo iba a gastar".  Aún así se las apaña para ser 4º y 5º del mundo en 5.000 y 10.000 en 1982; Pero el declive es un hecho: Ausencias en los entrenamientos, aumento de peso, resultados mediocres…y el final de un astro tan brillante como fugaz, al que aquellos que le conocen confiesan que siempre encuentran con una cerveza en la mano. 

Quizá su final definitivo tiene lugar a mediados de los ochenta, en el estadio de Nairobi. Allí se celebraba el Jubilee Boit, el adiós a Mike Boit, el keniata que ha figurado en la élite del mediofondismo mundial y que también estuvo compitiendo en Estados Unidos, pero con mejor fortuna que Rono. Mike Boit saluda a la multitud mientras abraza a los dioses del atletismo de su pais. Al mítico Kipchoge Keino, dos medallas de oro olímpicas; a Koskei, a Biwot y a otros ídolos como Jipcho, Herir o Chesire.
El locutor tiene la delicadeza de no nombrar a esa sombra de atleta llamado Romo. Miles de personas le recuerdan en silencio quizá porque en las gradas nadie puede reconocerle en aquella figura de rostro hinchado, pesado y vacilante en el andar . Henry Rono sale del recinto apoyándose en su hijo. El niño, confundido y desilusionado, no cesa de repetir “No han dicho tu nombre, papá. ¿Por qué no dicen tu nombre si fuiste el mejor?”. Kenia ya no es tierra para Romo.
Desde ese momento desaparece de la noche a la mañana del panorama atlético. Mendiga trabajos, incluso llega a dirigir un escrito a su patrocinador, Nike, que le permita "limpiar los suelos de las oficinas". Indigente, borracho, vuelve a Estados Unidos donde el anonimato lo protege de sus miserias.

Así pasan los años. En 1995 es encontrado en Portland por un periodista deportivo, que lo encuentra viviendo en un albergue, borracho, sobreviviendo fregando suelos y limpiando coches. La noticia trasciende y su fama vuelve momentaneamente,incluso algunos atletas se acercan de vez en cuando a saludarle al garage donde trabaja y a mostrarle su apoyo, testimoniando su gloria de otros tiempos. Más adelante aparece de nuevo en el Aeropuerto de la ciudad. Un atleta marroquí le ha reconocido recogiendo maletas en las cintas de llegadas y ha comprobado que ninguno de sus compañeros de trabajo conoce su historia. "Buscad en google" dice al patrón de Rono.

Pero esta historia no puede acabar así...

En 2002 supera afición por la bebida e inicia una modesta carrera como monitor de atletismo en el Truman Middle School, en Nuevo Mexico. Escribe su autobiografía, Olympic Dream, un libro que le ayuda a recuperar el amor por el atletismo e incluso se atreve a competir  para atacar el record de la milla para mayores de 55 años, quedando a pocas décimas  

En la actualidad tiene su propio equipo ( Rono Team) al que entrena cinco dias a la semana. Si pasáis por Alburquerque y queréis permitiros el lujo de entrenar con uno de los mejores atletas de fondo de toda la historia tenéis incluso su contacto henry@team-rono.com.

En esta foto de 2009 no parece estar en mala forma

rono 2009
No me resisto a copia el primer párrafo de su web

"I am Henry Rono, the Nandi warrior. I am Henry Rono, who, despite countless obstacles in my life has overcome them all. In a society that bared my soul and glorified me when I was on top of the world in the summer of 1978 and ridiculed me in the years when I was at the bottom of the world, I have succeeded - because I am a warrior". 

"Soy Henry Rono, un guerrero Nandi. Soy Henri Rono quien, a pesar de los incontables obstaculos de mi vida, los he superado todos. En una sociedad que aduló mi alma y me glorificó cuando estaba en la cima del mundo en 1978 y que me ridiculizó en los años en que estuve en el suelo del mundo, he triunfado porque soy un guerrero"



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lunes, 23 de abril de 2012

 Idolos del Running (III): Los cuatro minutos de Bannister


Bajamos de la distancia emblemática del fondo (el marathon) con Zatopek y Bikila y llegamos a otra distancia mágica, la milla, y a una hazaña y un atleta esenciales para entender qué representa la superación humana y la derrota del tiempo.  Vamos a conocer la historia de un hombre y una frontera psicológica que muchos creían insuperable pero que, como la gran mayoría de estas a lo largo de la historia , necesitó de un primer pionero en bajar el crono para  ser batida a continuación por muchos de sus contemporáneos. Esta es la historia de un corredor, una milla y cuatro minutos.  


El día resultó ser ventoso, lo que no era precisamente una buena noticia para Bannister, quien horas después tenía una cita con la historia en el viejo estadio Iffley Road de Oxford. Como era costumbre, pasó la mañana haciendo sus prácticas en el hospital de Saint Mary; después, cogió el tren desde Londres hasta Oxford para disputar un encuentro atlético en el que participarían una amplia nómina de atletas británicos (Chris Chataway, Chris Brasher, Alan Gordon, George Dole..). Viajó sólo, en segunda clase, algo impensable hoy en día para una estrella del deporte.
Bannister iba a atacar una de las grandes fronteras del atletismo (“el muro”, lo llamaban algunos): los cuatro minutos en la milla, la prueba por excelencia del medio fondo. Hoy en día puede parecer un objetivo menor a la vista de los 3:43.13 que tiene El Guerrouj como mejor marca mundial, pero entonces era un reto enorme que mantuvo durante años a los mejores atletas y entrenadores en busca de la forma de conseguirlo. “La milla en cuatro minutos se había convertido en una especie de Everest. Era un desafío al espíritu humano, un obstáculo que parecía mofarse de todos cuantos intentaban vencerlo, un llamamiento punzante contra el que el hombre luchaba en vano”, escribiría años después el propio Bannister en su autobiografía First Four Minutes (Los primeros cuatro minutos).
No extraña, por tanto, la enorme expectación generada cuando se supo que el mejor mediofondista británico iba a intentar semejante gesta. Bajo la supervisión del preparador austriaco Franz Stampfl, llevaba meses entrenándose para rebajar esta marca. Bannister entrenaba solo, cinco días a la semana y apenas una hora diaria, para no perjudicar sus estudios. Con vistas a este reto, y para rentabilizar al máximo su escaso tiempo, buscaba la calidad del entrenamiento –haciendo continuas series- antes que la cantidad.
En Oxford almuerza con un matrimonio amigo y las hijas de éstos. Llueve y el viento sopla con fuerza, lo que sin duda complicaría todavía más su desafío... pero estaba decidido a intentarlo. Sabía que tenía el récord en sus piernas y que no tendría muchas más oportunidades porque ya había tomado la decisión de abandonar la práctica del atletismo a finales de año para realizar el doctorado en Neurología. Sabía además que el australiano John Landy estaba logrando marcas cada vez más cercanas a los 4 minutos, y que con la progresión que llevaba pronto podría superar la mítica barrera. “Así que ahora o nunca”, debió pensar Bannister.


Cae el muro
En una época muy alejada del actual profesionalismo, la pista elegida también distaba mucho de los escenarios sobre los que se logran hoy en día las grandes marcas. La pista de Iffley Road era de ceniza y apenas una modesta tribuna de madera se levantaba junto a la recta principal. Pero la expectación era tan grande que unos 3.000 espectadores se agolparon alrededor de la misma para presenciar la prueba, que fue retransmitida por la cadena de radio de la BBC, con el antiguo campeón olímpico de los 100 metros Harold Abrahams como comentarista. Apenas media hora antes del inicio de la carrera la velocidad del viento descendía hasta los dos metros por segundo, y dejaba de llover.
Todos los participantes en esa carrera llevaron dorsales de dos cifras que empezaban por 4 (en alusión a los cuatro minutos que se pretendían rebajar); Bannister llevaba el 41. Para ayudarle a conseguir su objetivo contaría con la colaboración de Brasher y Chataway, quienes le harían de liebres. Los dos atletas londinenses llevaron la carrera a un ritmo vivo, pero Bannister parecía inquieto, deseoso aún de una mayor rapidez. A falta de 400 metros para el final el tiempo era bueno (3:00.07) pero no lo suficiente para lograr la marca deseada. Tendría que cubrir la última vuelta en menos de un minuto. Fueron 400 metros agónicos, en dura lucha contra el viento y la fatiga, que se reflejaba en su rostro crispado, la boca abierta, los ojos cerrados... En la tribuna y alrededores del viejo estadio el público animaba con entusiasmo. Cuando Bannister rompió la cinta de llegada el crono marcó… ¡3:59.4!, lo que suponía rebajar en dos segundos el anterior récord mundial (4:01.4), en poder del sueco Gunder Hägg desde 1945. La noticia llegó incluso a paralizar la actividad del parlamento inglés.
El joven estudiante de medicina había conseguido derrotar al “muro”; había logrado lo que durante medio siglo se le había resistido a los grandes especialistas del medio fondo. Por eso, algunos bautizaron aquella carrera como "la milla milagro" (miracle mile). Resulta curioso, sin embargo, que uno de los récords más famosos de la historia del atletismo fuera, a su vez, uno de los más efímeros. El 21 de junio, sólo 46 días después, el australiano John Landy le arrebataba la plusmarca, al correr la distancia en Turku (Finlandia) en 3:58.0.
Pero eso poco importaba ya. En 1953 Edmund Hillary conquistaba por primera vez la cima del Everest. Después, otros muchos alpinistas seguirían sus pasos, pero la gesta de Hillary continuará imborrable por los siglos de los siglos... Él fue el primero en conseguirlo. De igual manera, aquel 6 de mayo de 1954 Bannister conquistaba su particular Everest y –pese a lo efímero de su récord- nunca ya nadie le quitará su lugar privilegiado en el recuerdo de los aficionados al atletismo. Aquel día, en definitiva, conquistó la eternidad.



Una carrera fugaz
Roger Gilbert Bannister nació el 23 de marzo de 1929 en Harrow (Londres). Hijo de una familia adinerada, se educó en algunas de las mejores escuelas de Inglaterra. Cursó estudios de medicina en la Universidad de Oxford, estudios que compaginaba con el atletismo, deporte que practicaba desde su juventud y en el que pronto empezó a destacar.
Desde sus inicios Bannister -alto (1,87 metros), flaco (70 kilos), rubio, de rostro afilado, pómulos muy marcados y exquisitos modales- se especializó en las pruebas de medio fondo. En 1950, con sólo 21 años, logró la medalla de bronce en los 800 metros de los Campeonatos de Europa de Bruselas, y dos años después participó en los Juegos Olímpicos de Helsinki, donde rozó la medalla en los 1.500 metros (finalizó 4º con un tiempo de 3:46.0). Pero no fue hasta el ya rememorado 6 de mayo de 1954 cuando alcanzó la gloria. Al récord de Bannister le siguió, un mes y medio después, el del australiano John Landy. Eran los dos mejores atletas del medio fondo mundial, y la expectación era máxima por ver un enfrentamiento entre ambos. El duelo no tardó mucho en llegar; el 7 de agosto de ese mismo año, en Vancouver, competían juntos por primera vez en su vida, con motivo de los Juegos de la Commonwealth. Bannister impuso su poderosos final para acabar ganando con un tiempo de 3:58.8, por los 3:59.6 de Landy.
Esta carrera fue un gran acontecimiento seguido ampliamente por los medios de comunicación de todo el mundo, y los británicos lo celebraron con orgullo como un gran éxito nacional. Pocas semanas después, conquistaba la medalla de oro de los 1.500 metros en los Campeonatos de Europa disputados en Berna con 3:43.8. Pero la vida deportiva de Bannister fue incomprensiblemente corta. A finales de 1954, con tan sólo 25 años de edad, decide retirarse del atletismo para centrarse en la medicina, actividad en la que llegaría a ser un prestigioso neurólogo. Una vez retirado recibió numerosos honores: fue el primero en ser elegido “deportista del año” por la revista americana Sports Illustrated (en 1954); fue el primer Presidente del Consejo Inglés de Deportes; la reina de Inglaterra le nombró Sir (caballero) en 1975 por sus hazañas deportivas... La pronta retirada, en la cúspide de su carrera, agrandó la fascinación hacia su figura. De hecho, su historia ha sido llevada en dos ocasiones a la pequeña pantalla: en una miniserie de 1988 titulada The Four Minutes Mile, protagonizada por Michael York, y en el telefilm producido en 2005 Four Minutes, con Jamie Machlachlan dando vida a Roger Bannister y Christopher Plummer como su entrenador.
Desde que Bannister rompiera la barrera de los cuatro minutos, otros trece atletas han poseído el récord de la milla: John Landy, Derek Ibbotson, Herb Elliot, Meter Snell, Michel Jazy, Jim Ryun, Filbert Bayi, John Walter, Sebastián Coe, Steve Ovett, Steve Cram, Nourredine Morcelli e Hicham El Guerrouj. De todos ellos, sólo tres han impresionado a Sir Roger: el australiano Elliot, el norteamericano Ryun y el marroquí El Guerruj. "Elliott tenía un gran margen de superioridad sobre sus contemporáneos, a diferencia de otras épocas; El Guerruj tiene ahora el récord y es extraordinariamente bueno, especialmente construido para esta prueba; Ryun corrió en 3:52 sobre las pistas antiguas y se puede asegurar que valía 3:48, una marca que en la actualidad equivaldría a 3:43 ó 3:44", explicaba en 2004, con motivo del 50 aniversario de su gesta: la milla milagro.

jueves, 19 de abril de 2012

Idolos del Running (II): Bikila, el hombre descalzo


Tras Zatopek, entramos en la intensa  biografía de uno de los atletas más sorprendentes de todos los tiempos y quizá el mejor maratoniano de la historia. Y es que, al igual que el 10 de Nadia Comaneci o el salto de Bob Beamon en Mexico, los pies descalzos del etíope han entrado de lleno en la inconografía de los Juegos Olimpicos como una imagen inolvidable que trasciende el deporte y entra de lleno en la definición del ser humano.



La prueba del maratón cerraba el programa atlético de los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Se había programado de noche para evitar las altas temperaturas del tórrido verano romano. En la línea de salida los favoritos eran el ruso Popov y el marroquí Rhadi Ben Abdeselem, mientras que la gran sensación era un desconocido atleta etíope, de nombre Abebe Bikila, que se presentó en la línea de salida con los pies desnudos ante la extrañeza general. En su país había corrido un par de maratones con buenos resultados, pero el resto del mundo apenas tenía noticias de él.
La carrera pasaba por todos los lugares emblemáticos de la capital italiana y miles de antorchas, encendidas en la oscuridad de la noche, le otorgaban un ambiente mágico. Hasta el kilómetro 30 domina la prueba el marroquí, quien mandaba en un reducido grupo de atletas. De repente, Bikila se coloca al frente del grupo imprimiendo un ritmo fuerte que sólo Rhadi pudo seguir. En los últimos kilómetros forzó aún más la marcha dejando atrás a su rival, para entrar triunfante por el Arco de Constantino, al pie del Coliseo, en un tiempo de 2h15:16, que suponía un nuevo récord mundial y rebajaba en ocho minutos el antiguo récord olímpico de Emil Zatopek.
Mucho se ha hablado sobre el motivo que llevó a Bikila a disputar descalzo aquella carrera. La realidad es que no se encontraba cómodo con ninguna de las zapatillas que le había suministrado el patrocinador del equipo, por lo que decidió correr descalzo, algo que hacía en ocasiones en sus entrenamientos. “Quería que el mundo supiera que mi país ha ganado siempre con determinación y heroísmo”, declararía después, añadiendo más épica al asunto.
La imagen de sus pies desnudos, golpeando una y otra vez el asfalto de la capital italiana, reposa en el archivo de los momentos inolvidables de la historia del atletismo. Su triunfo –por sorprendente y por la forma como se produjo- supuso todo un acontecimiento. Nunca antes un deportista africano se había proclamado campeón olímpico… nunca antes un desconocido había irrumpido con semejante fuerza en el panorama del atletismo… nunca antes nadie se había atrevido a correr descalzo una prueba de semejante envergadura. De repente, Bikila pasó a ser un héroe en su país, el orgullo de la África negra y toda una figura del deporte mundial.
Su victoria estuvo además cargada de un simbolismo que trascendía lo puramente deportivo. Quiso la casualidad, o el destino, que la línea de meta de aquella carrera estuviera situada justo debajo del Arco de Constantino, desde el cual habían partido 25 años antes las tropas de Mussolini para conquistar Etiopía en la Segunda Guerra Ítalo Abisinia. Y también quiso la casualidad, o quizá fuera el destino, que su ataque que rompió definitivamente la carrera se produjera al paso por el Obelisco de Axum, monumento etíope expoliado por las tropas italianas en aquella guerra.


Del ejército a la élite
Nacido el 7 de agosto de 1932 en Jato (localidad situada al sur de Etiopía), en el seno de una humilde familia campesina, Abebe Bikila dedicó su infancia y adolescencia a estudiar y ayudar a su padre, que era pastor, en las labores del campo. No empezó a correr en serio hasta que con 17 años se alistó en el ejercito etíope, ingresando poco después en el Cuerpo de la Guardia Imperial del Palacio Real de Addis Abeba. En el ejército empezó a destacar como atleta y allí conocería a una persona que resultó fundamental en su vida, el entrenador sueco Onni Niskanen (contratado por el gobierno de Etiopía para entrenar a sus atletas), quien supo ver y pulir el diamante en bruto que tenía entre sus manos convirtiéndole en el mejor maratoniano del momento.
El enjuto atleta (1,76 m, 57 kg) se dio a conocer en su país en 1956, con 24 años, cuando participó en los campeonatos nacionales de las Fuerzas Armadas, donde logró derrotar en los 5.000 metros al por entonces gran héroe nacional, Wame Biratu, dominador de todas las distancias del fondo etíope. Durante años ambos atletas mantendrían una sana rivalidad (eran grandes amigos), que casi siempre se decantaba del lado del veterano Biratu. Con una sola plaza en juego, Bikila derrotó a su amigo en la carrera que decidía quien correría el maratón en los Juegos Olímpicos de Roma. Cuenta la leyenda que ambos atletas pactaron la victoria de Abebe, ya que Biratu tenía plaza asegurada en los 10.000 metros. Sea como fuere, Bikila –todo un desconocido fuera de su país- se plantó en Roma, donde su coraje y fortaleza le consagraron a los más alto.
Aquella victoria le valió su ascenso a sargento en el ejército etíope y un anillo de diamantes. Sin embargo, en un país revuelto dominado por el absolutista Negus Haile Selassie, el último emperador etíope, se vio envuelto en un turbio asunto que a punto estuvo de costarle la vida. Como integrante de la Guardia Imperial, fue involucrado en un fallido intento de golpe de Estado en el que no tuvo parte activa. Junto con los otros conjurados, fue condenado a morir ahorcado, aunque el emperador le amnistío (era un héroe nacional) y reincorporó a filas, suerte que no corrieron el resto de los implicados.



Gloria y drama
Regresa a la alta competición en los Juegos de Tokio´1964 donde se consagraría definitivamente como una estrella olímpica. Bikila había seguido una preparación exhaustiva y minuciosa, pero la mala suerte se cruzó en su camino y a falta de cinco semanas para la prueba tuvo que ser operado de apendicitis. Así, sin apenas entrenamiento tras la convalecencia, se presentó en Tokio donde, esta vez calzando ya unas zapatillas, volvía a ganar el maratón olímpico con un tiempo espectacular (2h12:11), que rebajaba en más de tres minutos su propio récord mundial y que suponía correr a 19,152 km/h. De nuevo, y no sería la última vez en su vida, el dramatismo y la gesta caminaban de la mano en su trayectoria. Bikila se convertía así en el primer atleta en ganar dos medallas de oro en dicha prueba, hazaña sólo igualada después por el alemán Waldemar Cierpinski.
Todavía tomó parte en unos terceros Juegos Olímpicos (México´1968) pero, lejos ya de su mejor forma y con dolores en su pierna derecha, se tuvo que retirar en el kilómetro 17. Fue la última gran competición en la que participó antes de que la tragedia se cruzara en su camino. Un año después, sufría un grave accidente de coche cerca de Addis Abeba que le dejó paralizadas las extremidades inferiores, y que le condenó a vivir para siempre en una silla de ruedas. Aquel accidente ponía punto final a una trayectoria atlética impecable, que se tradujo en 15 maratones disputados, de los cuales acabó 13, ganando 12 de ellos.
El 25 de octubre de 1973, con 41 años de edad, una hemorragia cerebral acabó con la vida del “dios de los pies descalzos”, el precursor de los grandes campeones etíopes de la actualidad (Gebresselassie, Bekele, Dibaba, Tulu, Yifter…) Su recuerdo quedará imborrable en la memoria de todos los aficionados al atletismo y de sus conciudadanos, que en su honor pusieron su nombre al estadio nacional de Addis Abeba.

jueves, 12 de abril de 2012

 Idolos del Running (I): Zatopek, la locomotora humana

Arrancamos una serie dedicada a 10 de los mejores mediofondistas y fondistas de la historia. Nombres míticos, son a la vez atletas singulares y personas que representan a la perfección el sacrificio, la épica, el espíritu y sobre todo la belleza de un deporte que cuenta cada día con más adeptos.
Arrancamos, quizá, con el mejor de todos ellos. 




Transcurría el kilómetro 20 de la prueba cuando, algo confuso, se giró hacia sus rivales y les dijo: “Yo no entiende de maratón pero, ¿no estamos corriendo demasiado lento?” Tras no encontrar respuesta, aceleró el ritmo y se marchó en solitario en busca de la línea de meta. En el momento de su entrada al estadio los espectadores, puestos en pie, aclamaron entusiasmados su proeza. Era la primera vez que corría un maratón y aquella victoria, con récord olímpico incluido (2h 23:04), significaba la culminación de una hazaña que le encumbró para siempre a la leyenda del atletismo: el triplete olímpico (5.000, 10.000 y maratón) en Helsinki 1952.

“Ese Zatopek corrió como con un péndulo sobre su pescuezo, su lengua carmesí pendía fuera, como si realmente lo estuvieran estrangulando”, escribió un periodista que cubría aquellos Juegos. Efectivamente, su manera de correr era extraña, con un estilo desgarbado, agónico, con la boca abierta y el rostro desencajado, como si tuviera un cuchillo clavado en el pecho, como si su cuerpo se fuera a desvencijar en cualquier momento… Pero era casi invencible. El secreto de su éxito residía en un entrenamiento durísimo, con volúmenes e intensidades descomunales para aquel entonces. En el punto álgido de su trayectoria deportiva, corría 800 kilómetros mensuales (unos 27 diarios).

Su manera de entrenar fue toda una revolución para la época e incluso creó su propia metodología (el entrenamiento interválico), que en un primer momento le generó bastantes críticas. En vez de largos rodajes, hacía numerosas repeticiones de distancias cortas –entre 200 y 400 metros- a muy alta intensidad y con breves pausas de recuperación, en las que seguía corriendo a menor ritmo. Esto le permitió mejorar rápidamente su velocidad y resistencia. “¿Por qué habría de entrenar corriendo a ritmo lento? Ya sé correr a ritmo lento. Debo aprender a correr a ritmo rápido”, decía. Además, entrenaba a menudo calzado con botas militares y peso en los pies; así, la competición le parecería luego un descanso.

De carácter humilde y reservado, Zatopek destacó siempre por su inmenso afán de superación y su amor a este deporte. “Un atleta no puede correr con dinero en sus bolsillos. Ha de hacerlo con esperanza en el corazón y sueños en su cabeza”, llegó a decir. Con esta actitud se ganó el cariño de un público que le adoraba y le aclamaba sin cesar en las carreras. Fue un pionero del atletismo, un adelantado de su tiempo, “un atleta valiente como no ha existido otro”, según el mediofondista español José Luis González… ¿El mejor fondista de la historia? Muchos especialistas no tienen duda de ello.



Atleta por accidente Nacido el 19 de septiembre de 1922 en Koprivnice (Checoslovaquia), era el sexto de siete hermanos de una humilde familia obrera. A los 16 años empezó a trabajar en la fábrica de calzados Bata, gracias a la cual, y de manera absolutamente casual, se inició en el mundo del atletismo. Bata patrocinaba cada año una carrera en la que los jóvenes del pueblo estaban casi obligados a participar. Así, en 1940, con 18 años, no tuvo más remedio que correr y ante su sorpresa (nunca había realizado entrenamiento alguno) quedó segundo, lo que le animó a participar en otras carreras. “La gente me aplaudió y eso me gustó. Desde entonces empecé a acudir a las sesiones de entrenamiento”, recordaría años después.

Sus primeras carreras, sus primeros éxitos en el atletismo, tendrían lugar en una Checoslovaquia ocupada por las tropas alemanas en plena Segunda Guerra Mundial. En aquella época, un joven Emil –un chico tranquilo y callado- trabajaba en la fábrica, asistía a clases de química, echaba una mano a su padre en el huerto familiar que les daba de comer, y corría en sus ratos libres. En 1945, con el país ya liberado de la ocupación alemana y la Guerra tocando a su fin (poco después llegaría el régimen comunista), se alista en el Ejército checoslovaco para seguir la carrera militar, en la que alcanzaría el grado de coronel.

Durante estos años, con una inquebrantable disciplina, cumplía sus obligaciones como militar durante el día y entrenaba por las noches, alumbrándose con una linterna eléctrica. Calzado siempre con sus inconfundibles zapatillas de cuero rojas que le seguían proporcionando –de espaldas a su patrón- sus antiguos compañeros de la fábrica, Zatopek ya poseía por aquel entonces los récords nacionales de 2.000, 3.000, 5.000 y 10.000 metros, y era sin discusión el mejor atleta nacional.

Sin embargo, no se dio a conocer en el atletismo internacional hasta 1946 durante los Campeonatos de Europa de Oslo, donde fue quinto en los 5.000 metros. Dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Londres, empezó a forjar su leyenda, al lograr la medalla de oro en 10.000 metros -con récord olímpico incluido- y plata en los 5.000. A estos éxitos le siguieron, en el periodo de entre Juegos, numerosos récords del mundo en todas las distancias posibles del fondo (10.000 metros, diez millas, 20 kms, récord de la hora y 30 kms) además de dos medallas de oro en los campeonatos de Europa de Bruselas´1950.



Hazaña olímpica Pero es en los Juegos Olímpicos de Helsinki´1952 donde se corona como el rey del atletismo mundial, al enfrentarse –y salir victorioso- a un reto sobrehumano que nadie antes había intentado y nadie se ha atrevido a intentar después: disputar en apenas una semana los 5.000, 10.000 y el maratón, distancia que no había disputado nunca antes y por la que pronto sentiría auténtica fascinación: “Si quieres correr, corre una milla. Si quieres experimentar una vida diferente, corre un maratón”, diría poco después. Vence en las tres pruebas, estableciendo el récord olímpico en todas ellas y el récord mundial en las dos primeras.

La final de los 5.000 metros (conocida como la carrera del siglo) fue especialmente emocionante por la resistencia del alemán Herbert Schade, el francés Alain Mimoun y el británico Chataway. La última vuelta al estadio de “La locomotora humana” fue una síntesis de su manera de entender el atletismo: “correr rápido y correr durante más tiempo”. Haciendo un sprint salvaje de casi 300 metros, martilleando el suelo una y otra vez, adelantó y tomó ventaja respecto a sus rivales, mientras el público puesto en pie coreaba: “Za-to-pek!, ¡Za-to-pek!”. Se dio la curiosa circunstancia de que en la capital finlandesa su mujer, Dana Zatopkova, también subió a lo más alto del podio olímpico, al vencer en la prueba de lanzamiento de jabalina. Tras los Juegos, Emil es nombrado teniente coronel del ejército checo.

En sus años victoriosos, pasa a ser símbolo e imagen del régimen comunista de su país, que le utiliza como “arma de propaganda”, que controla y limita sus movimientos y viajes al extranjero, que le espía y distorsiona sus declaraciones. Emil –humilde, tranquilo- se limita a aguantar, sonreir… y seguir corriendo. Traga y aguanta porque correr daba sentido a su vida, y a su vez –rehén del sistema político- era lo que se la robaba. Zatopek era invitado a competiciones atléticas por todo el mundo, pero el régimen comunista, ante el temor de que pudiera desertar, le deniega todas las salidas: sólo competirá en campeonatos oficiales y bajo estricta vigilancia.



Un hombre de principiosA mediados de los 50 su cuerpo se empieza a resentir –en forma de lesiones- de tantos años de extenuante esfuerzo. Esto no le impide, sin embargo, batir sus dos últimos récords del mundo en 1955, el de las 15 millas y el de los 25 kilómetros. Tras unos meses de parón, vuelve de nuevo a las pistas en los Juegos Olímpicos de Melbourne´1956, pero la edad y las lesiones que arrastraba le impidieron codearse con los mejores, terminando sexto en la prueba de maratón. Su decadencia deportiva era ya un hecho; pero él no deja de correr y sonreir. Incluso en la época de las derrotas frecuentes no dejaría de hacerlo ni de tener una buena palabra para todos. En 1958, se despide definitivamente del atletismo en las pistas de Guipúzcoa, en el Cross Internacional de Lasarte, dejando tras de sí una estela imborrable de éxitos.

Tras su retirada, Zatopek demostró que además de un gran campeón era un hombre de principios, lo que le generó numerosos problemas. Se consideraba un patriota liberal y jamás comulgó con el dominio de la URSS sobre Checoslovaquia. En 1968 –coincidiendo con la “Primavera de Praga”- rechazó abiertamente la ocupación de su país por parte de las tropas soviéticas y la imposición del comunismo duro, y apoyó al reformista Dubcek, partidario de más libertad para el pueblo y de un socialismo más humano. Estas críticas trajeron consigo un destierro y un castigo. Le costaron su cargo en las Fuerzas Armadas, y el empleo y el coche con los que el gobierno agasajaba a sus deportistas; le costaron, en definitiva, el cómodo estilo de vida que se había ganado a pulso tras años de sacrificio.

Fue inmediatamente destituido de su cargo en el Ministerio, expulsado del Ejército, separado del partido, y enviado a trabajar en una mina de uranio en Jáchymov, al noroeste del país, en un ambiente insalubre. Además, se le prohibiría residir en Praga. Así aguantaría seis duros años, sin levantar la voz, pese a todo sin dejar de sonreir. Después sería “ascendido” y convertido en basurero, pasando a recorrer las calles de Praga con un camión y una escoba. Cada vez que era reconocido en la calle la gente le ovacionaba y ayudaba en su tarea de limpieza. Jamás un basurero fue tan aclamado; seguía siendo un héroe del pueblo. Así que rápidamente, y visto lo surrealista de la situación, el régimen decide apartarle de ese puesto y enviarle a cavar agujeros para colocar postes telegráficos. Finalmente, tras obligarle a firmar un papel reconociendo su error por apoyar a las fuerzas contrarrevolucionarias, Emil acabaría trabajando como archivista en un sótano del Centro de Información de Deportes.

Con el paso de los años y los cambios en la situación política, Zatopek volvió a tener el trato y la consideración que nunca debió perder. En 1997 la asociación de atletismo La Zapatilla de Oro le nombró “Mejor Atleta checo del Siglo”, y un año después el presidente checo le otorgó la “Orden del León Blanco”, máxima distinción en su país. Trabajador infatigable, durante los últimos años de su vida trabajó como profesor de Educación Física, y mantuvo su cargo en el ejército de la República Checa hasta su fallecimiento, a los 78 años de edad, a consecuencia de un derrame cerebral. De esta forma, se acababa una vida llena de dignidad, generosidad y amor a este deporte.